Skip to main content

Full text of "Cantos de la vida"

See other formats


f1»*üelNEBEL' : 




Digitized by the Internet Archive 

in 2010 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/cantosdelavidaOOnb 



Cantos de la Vida 



En preparación: 

DÍAS sin sol 



M1GUELNEBEL 



CANTOS 

D E LA VID A 

CARTA - PRÓLOGO 
DEL 

Dr. Alberto Guaní 

Catedrático de 
Literatura en la 
Universidad de la 
República ■»■»»» ♦ 



t 



Imp. dornalechey Reyes 
montevideo 



Es propiedad del autor. 



Carta-prólogo 



MAR 2 4 1972 



Pf 



^i 



CARTA -PROLOGO 



Señor don Miguel Nébel Alvarez. 
Mi estimado amigo : 

Debisteis haceros presentar al Público. — tan in- 
saciable en su avidez crítica, como candoroso en su 
infantil credulidad, — por alguna de nuestras indiscu- 
tidas eminencias literarias: Zorrilla de San Martín, 
Blixén, Rodó, que os habrían transformado, á un golpe 
de su mágica palabra, en un Poeta perfecto, de estro 
ya glorioso y áurea lira, cuyo primer acorde vibrara, 
virginal y triunfante, en el tranquilo amanecer de las 
letras nacionales. 

No habéis estado feliz, pues, en la elección de vues- 
tro prologuista; mas en esto mostráis también el desin- 
terés de vuestro esfuerzo y la confianza viril en vuestras 
propias energías, desafiando, sin auxilio extraño, las 
inclemencias presentidas del primer viaje hacia las bru- 
mosas lejanías del Éxito, playas soñadas, hasta donde 
algunos llegan porque tienen rémiges fuertes y vuelos 
caudales, mientras, otros, son arrojados tan sólo porque 



los empuja, mansamente, el suave alisio de la simpatía 
ó de la benevolencia pública. 

Noto, sin embargo, que en este ensayo inicial de 
vuestra descollante inteligencia poética tengo alguna 
remota participación que os habrá inducido, segura- 
mente, — como que sois un espíritu devoto del recuerdo 
y encariñado con las gratas emociones del pasado, — á 
concederme la inmerecida distinción de estas líneas de 
preámbulo : no olvido que hace ya algunos años, siendo 
yo redactor de « El Siglo », os presentasteis á mí, entre 
balbuciente y desorientado, con un manojo de papeles 
entre las manos; os conocía, por esa época, adorador 
ferviente de los ejercicios atléticos y más dado, en 
consecuencia, al culto de cualquier Dios hercúleo, que 
al trato delicado y galante de las Musas. 

Nunca habría adivinado que en aquellas blancas 
cuartillas se encerraban las primicias de vuestro numen 
ignorado y que me las entregabais para oir mi opi- 
nión, bastante más familiarizada entonces que ahora, 
por cierto, con las dulces idealidades de la Poesía. 

Os manifesté francamente que continuarais en la 
senda iniciada; que debíais perseverar en el noble aj'án 
de hacer versos animando á la palabra escrita con la 
vida del ritmo y de la cadencia, suave é inadvertida 
música de la estrofa que envuelve al pensamiento en el 
más bello ropaje y que es el único idioma expresivo 
de toda la gama del sentimiento humano, desde los 
arrebatos impetuosos de la pasión y del odio, hasta I ti* 
murmurantes languideces de la piedad y del amor. ../ 

Tal vez escuchasteis mi humilde consejo ; concentras- 
tris el espíritu en la meditación y el estudio, luchasteis, 
silencioso, con las arideces fatigantes del trabajo, y, 
al través de los años. Vencedor, gallardo caballero 
en el alado corcel de vuestra rica inspiración, volvéis á 
mí con esle libro fulgurante que es como el heráldico 
trofeo de vuestra victoria moral! 

Compartirán este juicio cuantos os lean y penetren, 



guiados por la magia de vuestro estilo, límpido y tran- 
quilo como la luz de un astro sereno, al encantado 
dominio de vuestra rima, que es, ante todo, de una 
sencillez impecable y que, en la grácil suavidad de su 
contorno, parece — como cuenta el poeta enamorado — 
que al producirla, más bien que escribir, dibujarais el 
pensamiento con líneas de transparencia ideal y de 
helénica dulzura. 

Os dirán que hay defectos en vuestra obra. Creed á 
los sinceros, á los que quieran corregiros para que 
alcancéis más pronto el alto rango que el porvenir os 
reserva entre nuestros vates más ilustres ; pero descon- 
fiad de las críticas mezquinas que desencadena la 
maldad, casi siempre, sobre todo cuanto empieza á 
florecer y á elevarse. 

No os desalentéis frente á la fatal carcoma de la 
envidia humana, que, al fin, este vicio, como dice la 
vieja sentencia, es el desgraciado homenaje que la in- 
ferioridad rinde al mérito. 
Vuestro afino, amigo, 

Alberto Guaní. 

Septiembre de 1906. 



Introducción 



Introducción 



Para tí... 



Cuando á la noche, el viento golpea los cristales de mi ven- 
tana, me parece oirle murmurar un nombre; luego, adormecido 
con 'la cadencia triste de sus notas, dejo vagar mi imaginación 
por las regiones del ensueño, y aparece ante mi vista, surgiendo 
de las sombras, una imagen, ¡mi eterna compañera! pero esa 
imagen se esfuma cuando el cincel de mi pensamiento quiere 
esculpirla para transformarla en ídolo. 

Desde que te he presentido, vivo para tí, he amado todo 
aquello que pueda tener relación con tu persona, y quise ser 
poeta, para dar libre expansión á mis sentimientos, para ofre- 
certe lo más íntimo de mi corazón. 

Luego. . . aquellos pensamientos que me huían en mis noches 
de insomnio, cayeron prisioneros después de una lucha deses- 
perada, otros, ¡aun rebeldes! no han querido sujetarse á la 

esclavitud de la forma, y vagan libremente 

Es fuerza que reconcentres toda tu alma en los que quedan 
encadenados á este libro; ellos gozarán su vida, ¡la vida que 
gozaban antes! al hallarse cerca de tí. 

Para el público pasarán inadvertidos muchos de ellos, pues 



para él no han sido creados ; es una confesión que dejo en des- 
cubierto, mas sin temor alguno, pues se necesita de una clave 
para poderla descifrar. 

¡ Pobres pensamientos ! . . . Los he visto revolotear en torno 
de mi lecho, llenos de luz, de movimiento, de color... y ahora, 
sobre este libro, los contemplo mustios, endebles, ¡cautivos! 
extinguiéndose lentamente en medio de una vida artificial. 

Preciso es que les abras las puertas de su estrecha cárcel, y 
de nuevo desplegarán sus alas, y volarán á la región donde 
nacieron ! 

Esa es la misión que tienen que cumplir en la tierra, ¡anhelan 
encontrarte! mientras lloran su perdida libertad. 

Tú, puedes brindársela. . . por esovan hacia tí — ¿pero quién 
eres tú? — lo ignoro — sé que existes y eso me basta. 

No me abandones, ¡sombra querida! préstame el valor para 
luchar contra las amargas decepciones; acompáñame á sufrir los 
primeros desengaños, pero sigamos, sigamos juntos — ¡consuela 
tanto entre dos que se quieren llorar una misma pena! 

Preciso es que conozcas mis más íntimos secretos, y es fuerza 
que no quede en mi cerebro un rincón que no hayas habitado. 

¡Ven! y lee en mi alma ese poema que es tuyo, pero que yo 
no sé escribirlo 

Sepa que te hallas á mi lado mientras lucho por conquistar 
la cima; no lo dudes, ¡yo escalaré la montaña! me alienta la 
esperanza de igualarte — de ser lo que tú eres. 

Espérame allí : en la cumbre. ¡ Yo iré á buscarte ! 

5 - v - 06 



Primera parte 



La vida 



« Nuestras vidas son los ríos 
Que van á dar á la mar. » 

Jorge Manrique. 



TODO está oculto en nuestra vida instable 

Por sombra impenetrable: 
¡El origen y el fin de la existencia! 
Pues de la cuna hasta la tumba vamos 

Sin saber donde estamos, 
¡Si es sueño ó realidad, cuerpo ó esencia! 



Profundo enigma es el cerebro humano 

Inescrutable arcano 
Donde un rayo divino centellea 
Infiltrando su luz al pensamiento; 

¡Color que va en el viento 
A revestir de formas á la idea! 



— 3 — 



III 



La muerte que destruye nuestras galas 
Presta al alma sus alas; 

Jeroglífico es ella que la ciencia 

Del sabio no ha podido resolverlo, 
¡Ni podrá comprenderlo 

Jamás su limitada inteligencia! 



IV 



Impulsada por fuerza poderosa, 

La vida misteriosa, 
Como las ondas de fecundo río 
Que besando las flores en los prados, 

Ó en campos agostados 
Corre, ya sin premura, ya bravio; 



V 



Ora rugiendo turbia su corriente, 

Ó manso y transparente; 
¡Sigue su curso hasta que al fin le es dado 
Terminar su carrera, y fatigoso, 

Espira silencioso 
En el sepulcro que la mar la ha creado! 

— A - 



VI 



Así la vida, alternativas pasa: 

Joven, todo lo abrasa, 
Lo circunda, lo baña, lo colora, 
Esparciendo la luz y la alegría 

Con la dulce armonía 
Que surge con los rayos de la aurora! 



VII 



Mas cuando ya el crepúsculo aparece, 

La vida languidece: 
Se extingue su vigor; pálido y mudo 
Flotando queda el panorama incierto, 

Como sombra de un muerto, 
Como un recuerdo de expresión desnudo. 



VIII 

Como el río, la vida en su camino, 

Sujeta está al destino 
Que le trazó al nacer la Omnipotencia, 
Y así como él, el fin encontraremos ; 

Mas como él, gozaremos, 
Al rodar al abismo, otra existencia. 

- 5 — 



IX 



Porque no es concebible que en la nada 
Quede el alma abismada; 

No debe de perderse con el viento! 

Fuerza tiene que haber desconocida, 
Que la lleve á otra vida 

Donde pueda gozar de pensamiento. 



X 



Hija de Dios el alma, ¿es concebible, 

Es acaso posible 
Que su existencia sólo un soplo sea 
Y que su luz se extinga con la muerte, 

Y como el cuerpo inerte 
Quede también el fuego de la idea? 



XI 



¡No puede ser! Que solución suprema 

Necesita el problema 
Que no se halla en la muerte definido; 
Mas nuestra mente lucharía en vano, 

Por saber el arcano 
Que yace en el abismo sumergido. 

— 6 - 



XII 



Y sin embargo el pensamiento anhela, 

Perseguir esa estela 
Que el alma ha de dejar á su partida, 

Y el filósofo vela eternamente, 

Por descubrir la fuente 
Do se encierra el origen de la vida. 



XIII 

¡ Delirio del humano pensamiento 

Por abrazar el viento ! 
Deten sabio tu marcha, ello es preciso; 
j Espera que la Muerte sea tu guía, 

Espera hasta ese día 
Que el secreto sabrás del Paraíso ! 



La infancia 



XIV 

PRIMERA edad... ¡infancia bendecida! 

Aurora de la vida 
Sin recuerdos ni sombra en la memoria; 
La mirada tranquila, indiferente, 

Y sin surcos la frente 
Que marquen los secretos de una historia. 



XV 

¡Oh, visiones de amor! ¡oh, dulce calma 
Que aún flotáis en el alma 

Como espejismos de lejano día 

Que nos transportan á la edad primera! 
¡Oh, fugaz primavera, 

Llena tú al menos la memoria mía! 



XVI 



¡ Oh, bellos sueños que m¡ mente adora, 

Delirio que atesora 
En vagas formas nuestra infancia amada: 
Dejad que yo recuerde cariñoso, 

El tiempo más hermoso, 
Que pasó como pasa una alborada! 



XVH 

Que es la infancia el amor, la poesía, 

La eterna luz del día 
Impregnando en el éter sus colores; 
Visión que roba del azul del cielo, 

Ese místico velo 
Que se llama el pudor en los amores. 



XVIII 

Días serenos que cuando era niño 

Me disteis el armiño 
De vuestros cielos claros, sin rubores, 
¡ Dejadme que otra vez vea esos cielos, 

Y caigan estos velos 
De sombras, que me ocultan sus fulgores! 

— 9 — 



XIX 



Dejad que yo recuerde aquella infancia, 

Tiernísima fragancia, 
Aroma que de mi alma se desprende, 
Rayo que deja luminosa estela, 

¡ inspiración que vuela 
Y en busca de la luz sus alas tiende! 



XX 

Dejadme descender de la montaña, 
Siento una fuerza extraña 

Que me arrastra á gozar la primavera; 

Y si hallara en la sima mi alegría, 
¡Mi ardiente fantasía 

Al fondo del abismo descendiera! 



XXI 

¡ Dichosa edad, perfume de las flores ! 

Débil nido de amores 
Que se aduerme á los besos de la luna 
Y canta con el beso de la aurora; 

¡ Imagen tentadora, 
Volvedme al sueño de mi blanda cuna! 

- 10 - 



XXII 



¡ Cantos de mi laúd, forjad quimeras ! 

Flores de mis praderas, 
Volved á mi jardín muertas sonrisas; 
¡ Despertad al murmullo de la fuente, 

Y en mi marchita frente 
Rocen las alas de aromadas brisas ! 



_. 1! — 



La juventud 



XXIII 

¿QUÉ es juventud? — Inspiración que crea; 

La fantástica idea 
Que encerrada en el fondo del abismo, 
En el abismo, por las cumbres canta; 

Aurora que levanta 
En medio de la noche el espejismo. 



XXIV 

Es la nota que surge, que se extiende, 

Y en su vuelo pretende 
Llenar el ancho espacio de armonía; 
Ir hasta el sol, llegar á las estrellas, 

Y eclipsar las más bellas 
Con la luz de su alma poesía. 



XXV 



Tortura la ambición nuestra memoria, 
Nos deslumhra la gloria, 

Y henchidos de pasión por conquistarla 

Quedamos en su sombra convertidos, 
¡Y en las cumbres, rendidos, 

La miramos después sin alcanzarla ! 



XXVI 

Es la edad que vé todo concebible, 
Fácil y comprensible, 

Do la fortuna sin luchar se alcanza, 

Donde la duda sin razón se aleja, 
Porque el alma refleja 

En su limpio cristal solo esperanza! 

XXVII 



Allí nace el amor puro y ardiente, 
Ofuscado y vehemente, 

Que con nerviosas alas de gigante 

Halla siempre el espacio reducido; 
¡ Que con vuelo atrevido 

En busca de su ideal sigue triunfante! 

— 13 — 



XXVIH 



Pero cuidad que en el abismo mora 
La imagen tentadora, 

Y es fácil al abismo desplomarse; 

En esas alas no confieislo todo: 
¡Cae la nube al lodo 

Cuando sólo soñaba en remontarse! 



XXIX 

Porque así como todo en la existencia 
Pierde forma y esencia, 

Así la juventud, ¡flor de un estío! 

Efímera en su ser, pliega las alas; 
¡ Pues se extinguen sus galas 

Al beso del crepúsculo sombrío!... 



XXX 

¡Oh, juventud! yo marcho por tu senda, 

Y dejaré de ofrenda 
Todo un himno de amor á tu memoria; 
Y en él han de vibrar las armonías 

De tus hermosos días: 
¡Que en libro de oro escribiré tu historia! 

— 14 — 



El amor 



XXXI 



ES el amor el sol de la existencia; 
En el lirio, es esencia, 
En las aves, el canto melodioso, 
En la aurora, la púrpura encendida: 

¡ El alma de la vida 
Que alimenta en el germen voluptuoso! 



XXXÍÍ 

Él es en medio de la noche oscura, 

Estrella que fulgura; 
En el desierto, un oasis florido; 
Un delirio del alma que en su vuelo, 

Se remonta hacia el cielo 
¡Como águila caudal que busca el nido! 

— 15 — 



XXXIII 



Es el canto que lleva con sus notas, 

. Armonías ignotas ; 
Un secreto que duerme en los dolores, 
Un signo que traducen las sonrisas, 

¡ El beso de las brisas 
Arrullando los sueños de las flores! 



XXXiV 

La comunión del alma enamorada, 
La luz de la alborada 

Que saludan las aves en los huertos; 

Un cielo azul, sereno, transparente; 
¡ Aroma en el ambiente, 

Y en la espesura trinos y conciertos ! 

XXXV 



Él es el paraíso que soñamos, 

Y á su encuentro volamos 

Con la alma virgen de ilusión henchida; 

Pero de ofrenda en sus doradas salas, 
Dejaremos las alas, 

¡Porque allí está la cumbre de la vida! 

— 16 — 



XXXVI 



Es la voz de una lágrima que encierra 
Un enigma en la tierra; 

La gota de rocío transparente 

En alas de una blanca mariposa; 
¡El rumor de una rosa 

Al abrir su capullo floreciente! 



XXXVII 

Es un delirio que la fiebre crea, 
Visión que centellea 

Y aparece en el alma, esplendorosa, 
Cuando abre el alma su corola al día; 

¡ Es sublime armonía, 
Hija de Dios y como Dios grandiosa! 

XXXVIII 

Es el sol refulgente que ha quedado 

Ricamente engarzado 
En una limpia gota de rocío; 

Y al ver allí su majestad impresa, 

¡Suavemente la besa, 

Y la gota se pierde en el vacío ! . . . 

— 17 - 



XXXIX 



Que el amor es así, vano, orgulloso, 

Y no se da reposo 
Hasta ver su quimera realizada; 
Mas luego que su objeto ha conseguido, 

¡ Se vuelve arrepentido, 
Pues al irla á buscar, no encuentra nada!. 



XL 



Amor, sublime ideal, sol que venero, 

Bajo tus alas quiero 
Gozar de tu templada primavera, 
Aspirar el perfume de tus brisas, 

Reir con tus sonrisas: 
¡Que en tus brazos morir, mi gloria fuera! 



El hogar 

Á Manuel Lessa. 

XLI 

ES el hogar la aspiración del hombre 

Por perpetuar su nombre, 
Y hacia él se vuelve seducido, ufano, 
Cuando la luz de la razón le alumbra, 

Porque entonces vislumbra 
En él, la dicha que ha buscado en vano. 

XLII 

El hogar es amor, premio que al alma 

Le da descanso y calma, 
Porque en su seno lo más noble encierra; 
Es la causa inmortal de nuestro anhelo, 

La bendición del cielo 
Que Dios dejó caer sobre la tierra! 

— 19 — 



XLIII 



Vemos en é! nuestra pasada infancia; 

La exquisita fragancia, 
De la flor marchitada se desprende; 
Vuelve de nuevo el sol como en otrora, 

Y aquella ¡nuestra aurora! 
En nuestros hijos vemos que se enciende; 



XLIV 

Por eso le amo yo, por eso canto, 

Y con brío levanto 
Mi voz, entusiasmado y animoso, 

Y quiera Dios que el eco de mi acento 

No se pierda en el viento; 
¡ No muera entre las sombras silencioso ! 

XLV 

¡ Pero no ha de morir ! porque al marasmo 
Fulmina mi entusiasmo 

Y el plectro de oro entre mis manos siento; 
¡Ya soy fuerte, Señor, ya desafío 

Con arrogante brío 
La nostalgia que abruma al, pensamiento 

— 20 — 



XLVI 



¡Hogar! ¡luz inmortal, vida del alma! 

Con tu plácida calma 
Yo me siento feliz. En ti contemplo 
Un nuevo sol que adoro inmensamente, 

Y con delirio ardiente 
¡ Me postraré de hinojos en tu templo ! 



— 21 — 



El invierno del alma 



XLVÍI 

Se fué la luz. . . huyó la primavera. . 

Ruedan en la pradera 
Como un despojo las marchitas flores; 
Ya la selva desierta ha enmudecido, 

¡ Sin cantos yace el nido, 
Y muerto el corazón á los amores! 



XLVIII 

La escarcha va cubriendo las colinas, 

Y el alcázar en ruinas 
Ha cerrado sus puertas... Ya sus fiestas 
Al beso de la noche enmudecieron, 

Sus ecos se perdieron. . . 
¡Ha espirado la voz de sus .orquestas! 



XLIX 

En el fondo del alma se retrata, 

Una luna de plata, 
De la misma Tristeza mensajera, 
Cuya llama arde apenas mortecina; 

¡Ya su luz no ilumina 
Como la luz de nuestra edad primera! 



Son los recuerdos que aparecen mudos, 

Son símbolos desnudos 
Que del sol del pasado se alimentan, 
Y dejan al surgir en la memoria, 

Retazos de una historia 
Que de nuevo á nuestra alma se presentan. 



LI 



Es fuego que en la mente se ha extinguido, 

El último gemido 
Que en la noche combate por el día 
Y entre las sombras por la luz combate, 

Cuando triste se abate 
El cuerpo, ante su próxima agonía. 

— 23 — 



LII 



Son suspiros y acordes misteriosos 

Que vagan rumorosos 
Y entre las sombras mueren... Es la esencia 
De una flor que ha caído. Son las voces, 

De amores que veloces 
Huyeron para siempre en la existencia. 



LUÍ 

Es la pálida luz de las estrellas, 

Antes rojas y bellas; 
Es el sol engarzado en negro broche 
Que da al alma fatal melancolía; 

Son los salmos de un día 
Que duermen en el seno de la noche. 



LIV 

Es el triste crepúsculo que llega. . . 

El árbol que doblega 
Su copa bajo el cierzo, macilento; 
Es la mística voz de una campana, 

Armonía lejana. . . 
Que llega al corazón como ,un lamento. 



LV 



¿Qué es la noche del alma?- Un abismo 
Que lo encierra á uno mismo, 

Y llega al fondo de él luz y alegría, 

Y al levantar al cielo la mirada, 

¡No se percibe nada 
Mas que el lejano resplandor del día ! . . . 



— 25 — 



Segunda parte 



Natura 



Al doctor Alberto Guaní. 
I 

NATURALEZA toda, ¡yo te adoro! 
Mi juventud, mis sueños, mi alegría, 
Formarán tempestad de alegre coro 
En medio de tu rica fantasía ! 

II 

Brisas del mar ¡traedme en vuestro vuelo 
El divino cantar de las sirenas ; 
¡ Manche la aurora con su grana el cielo ! 
¡ Y cúbranse los prados de azucenas ! 

III 

Frutos dé el árbol, manantial la fuente; 
Traiga el éter sus auras perfumadas, 
Y surja del arroyo la corriente 
Entre el rumor de palmas y cascadas ! 

— 29 — 



IV 



Module el ruiseñor en la floresta 
Sus trinos, sus canciones, sus conciertos; 
Despierte el lago de su muelle siesta, 
Besen sus ondas los frondosos huertos ! 



V 



El sol, el campo, el aura, la montaña, 
El valle, la colina y la pradera, 
Desde el desierto monte á la cabana, 
Sonrían al llegar la primavera! 



VI 



Y al caer de la noche los crespones, 
La luna melancólica en el cielo, 
Como el ave buscando otras regiones, 
Pase en silencio en su nocturno vuelo! 

VII 

Naturaleza toda, ¡ yo te adoro ! 
Mi juventud, mis sueños, mi alegría, 
Formarán tempestad de alegre coro 
En medio de tu rica fantasía! 






Manchas de sombra 



SONETO 

MI amor tiende las alas y en su celo 
Recorre tu jardín, y en cada rosa 
Deposita una lágrima amorosa 

Y luego sube á conquistar el cielo. 

Disipa el alba de la noche el velo, 
Despierta la mañana majestuosa, 
La saluda la selva rumorosa 

Y emprende el ave de su nido el vuelo; 

Abrió la rosa su corola al día, 
Brinda la flor su aliento perfumado 

Y regala á las brisas su ambrosía: 

¡Ya es todo animación, luz y concierto!... 
Sólo queda en las rosas enlutado 
Un pensamiento ¡ por tu amor que ha muerto ! 



31 



Invocación 



i 

¡JUVENTUD, de la luz divino emblema! 
Como águila caudal tended el vuelo ; 
¡Á conquistar la mística diadema 
Que sólo brilla en el azul del cielo! 

II 

Tened por vuestro juez vuestra conciencia 

Y siempre falle por el bien humano; 

¡ Que simbolice el triunfo de la ciencia 

Y sea el anatema del tirano! 



III 



Corazones con fe y almas con brío, 
Templad la lira de las cuerdas de oro 
Y lleven vuestras notas al vacío 
El entusiasmo en cántico sonoro. 

- 32 - 



IV 



Si espacio piden vuestras fuertes alas, 
Si el alma anhela luz para su gloria, 
Si os queréis adornar de regias galas 
Para lucir al sol vuestra victoria; 



V 



Tomad tan sólo la virtud por guía, 
El bien como un deber inmaculado, 
Como sagrada ley, vuestra hidalguía, 
¡Y como nombre, vuestro nombre honrado! 



VI 



Sólo la patria vuestro orgullo sea; 
Su libertad, un lema soberano, 
Y bendecid con sangre en la pelea 
Su honor, contra las iras del tirano; 

VII 

Caer por ella en desigual combate 
Es ascender al templo de la gloria; 
¡Corazón que en el yunque no se abate, 
Deja en el mundo perennal memoria! 

i — 33 - 



VIII 

Sólo á la muerte doblegad la frente, 
Mas sin miedo en el alma, sin flaqueza: 
¡Cae el sol en su tumba de Occidente 
Coronado de luz y de grandeza! 



IX 



No empañe vuestro Ideal una derrota; 
Seguid altivos por la misma senda; 
¡ Marchad allí donde la palma brota, 
Que al fin su sombra encontraréis de ofrenda. 



X 



Adorad el Progreso que es la vida 
Que al oprimido pueblo regenera, 
Y así la gloria, con el bien fundida, 
¡Brillará como un astro en la bandera! 



XI 



Coronad de laureles á la Ciencia, 
Que cuando incline la gallarda frente, 
¡ Será para embriagarse con la esencia 
Que ha de esparcir la Libertad naciente! 

- 84 — 



XII 

El templo del saber, sobre la tierra 
Levantad, acudiendo á sus altares, 
¡Y fundiréis el rayo de la guerra 
En la sombra de verdes olivares ! 

XIII 

Prodigad á raudales la riqueza, 

Y al levantarse el sol en el Oriente 
¡Contemplará el esfuerzo y la grandeza 
Alumbrando orgulloso vuestra frente ! 

XIV 

Si de la patria cae el poderío 
Tronchado por un golpe de fortuna, 
¡Acordaos que al sol en el vacío 
Lo eclipsa á veces la menguada luna! 

XV 

Sed como el león que en el desierto se halla: 
¡Cuantos más adversarios, más vencidos; 

Y si el lauro alcanzáis en la batalla, 

¡ Ved con ojos de hermano á los caídos ! 

— 35 — 



XVI 

¡Juventud, de la luz divino emblema! 
Como águila caudal, tended el vuelo; 
¡Á conquistar la mística diadema 
Que sólo brilla en el azul del cielo! 

XVII 

¡ Mirad al Porvenir, que entre nublados 
Ya se vislumbra como un sol de estío!, 
¡Y él os dará las flores de sus prados 
Y el trono de su augusto poderío! 

XVIII 

¡ Mirad al Porvenir, que él vendrá un día 
Con los frutos de amor del Nazareno! 
¡Y flotará en las almas la armonía 
Como flotan las nubes sobre el cieno! 



— 36 - 



Ofrenda 



i 



VENID á mi jardín si queréis flores, 

Y en él encontraréis los pensamientos 
Que sólo nacen por gozar amores 

Y viven por sus mismos sentimientos. 



II 



Venid á mi jardín, sultana hermosa, 
Sin coronas de luz, que en vuestra frente 
Haré lucir la estrella luminosa 
Al soplo de mi amor puro y ardiente. 



III 



Yo os brindaré también de mis campañas 
Los lirios y las blancas azucenas, 
El oro que se esconde en mis montañas 
Y la miel que produzcan mis colmenas! 

— 37 — 



IV 



Tienen mis playas oro en sus arenas, 
Guarda el fondo del mar rojos corales; 
Mi tierra tiene sus entrañas llenas 
De diamantes con luces inmortales ! 



V 



Franja de luz colora mi horizonte 
Que parece del cielo una guirnalda, 
Cuyos reflejos al llegar al monte 
Lo visten de topacio y esmeralda! 



VI 



Tengo también en mis floridos huertos 
Orquestas de afinados trovadores, 
Que saludan al sol en sus conciertos 
Y en secreto nos dicen sus amores; 



Vil 



Mas si os llegan á ver, su dulce canto 
Será un himno de amor, porque en su acento 
Se mezclará la risa con el llanto 
Y el placer surgirá con el lamento. 

— 38 - 



VIII 

Venid á mi jardín si queréis flores, 

Y en él encontraréis los pensamientos 
Que sólo nacen por gozar amores 

Y viven por sus mismos sentimientos. 



IX 



Y mis auras tranquilas, silenciosas, 
Rozarán vuestros bucles dulcemente, 

Y dejarán la esencia de las rosas 

Y el matiz del jazmín en vuestra frente! 



— 39 — 



El Día 



EMPIEZA á amanecer... rojizo velo 

Se dibuja en el cielo 
Despertando á la aurora majestuosa, 
Y el sol que se levanta en el Oriente, 

Deja ya indiferente 
La noche á sus espaldas tenebrosa. 



Ya modulan las aves en sus nidos, 

Esos dulces gemidos 
Que remedan un canto y un lamento; 
Y en torno de jazmines y de rosas, 

Vuelan las mariposas 
Mansamente arrulladas por el viento. 



- 40 — 



III 



Aparecen más bellos los colores 

De las lozanas flores 
Que tapizan el valle y la pradera; 
La escarcha se evapora en las colinas, 

Que cruzan golondrinas, 
Heraldos de la suave primavera! 



IV 



El pastor abandona su cabana 

Y sube la montaña 
Entonando sus coplas siempre viejas; 
Encuentra al fin el pasto codiciado, 

Y se sienta, cansado, 

Mientras comen hambrientas sus ovejas. 



Despierta el labrador; toma el arado 

Y deja preparado 
El ancho surco donde cae el grano, 
Que el tiempo ha de tornarle, generoso, 

En el fruto sabroso 
Que irá más tarde á recoger su mano. 



— 41 — 



VI 



Se levantan los niños presurosos, 

Y recorren gozosos, 
Las praderas cubiertas de azucenas; 
Y al aire el blanco pecho descubierto, 

Se internan en el huerto 
En busca de la miel de las colmenas 



VII 

Buscan después reposo en la gramilla, 

Sentándose á la orilla 
De un arroyuelo manso y cristalino, 
Do miran en sus ondas retratadas, 

Moviéndose agitadas, 
Las aspas gigantescas de un molino. 



VIII 

Aquellos que no tienen miedo al frío, 

Zambullen en el río; 
Los otros les contemplan envidiosos, 
Remangado el calzón á la rodilla, 

Siguiendo por la orilla 
En apretado grupo silenciosos. 

— 42 — 



IX 



Y en el monte se internan, atraídos 

Por los sordos gemidos 
Que arranca al árbol el cortante acero, 

Y al leñador ayudan afanosos, 

Recogiendo los trozos 

Y apilándolos luego con esmero.... 



El sol que ha descendido lentamente, 
Se oculta en Occidente 

Coronado de rojos resplandores; 

Las aves en sus nidos se replegan, 
Y las sombras que llegan 

Van dejando su llanto entre las flores 



XI 



Abandona el labriego su tarea, 
Porque suena en la aldea 

La campana que anuncia el fin del día; 

Y desciende el pastor de la montaña, 
Buscando en su cabana 

El descanso, el abrigo y la alegría. 

— 43 — 



Ideal 



i 



PERDÓN, Musa adorada, perdón si es que te ofenden 
De mi arpa las primicias: son cantos de mi amor; 
No puedo yo oprimirlos, sus alas ellos tienden 
Allá donde tu imagen vislumbra el trovador. 



II 



Y ven los ojos míos, feliz al recordarte, 
La estrella que me guía, y á donde voy no sé; 
¡ Qué importa que me olvides, ¡ nací para cantarte, 
Y donde quier que vayas tu sombra seguiré! 



III 



¿Tú ríes de mis quejas? Pues bien: bebo mi llanto, 
Ya ves como tu esclavo también sabe sufrir; 
Arrastro mis cadenas, oprimo mi quebranto, 
Y como nuevo Cristo también sabré morir. 

- 44 — 



IV 



Si mandas que mi sangre derrame á tu memoria, 
Sultana, no lo dudes, mi sangre ha de correr, 
¡Que bello es dar la vida por conquistar la gloria, 
Y por subir al cielo, á los abismos caer! 



Ordena cuánto quieras, apóstol decidido, 
Hasta la misma muerte sonriendo iré á buscar; 
Es fuerte el enemigo, caeré tal vez vencido, 
Mas voy hasta sus puertas con fe para triunfar. 



VI 



Si venzo, ya lo sabes, son tuyos mis laureles, 
No lucho por la gloria, desprecio el galardón; 
Que el mundo sólo ofrece marchitos oropeles 
Á quien arrastra sólo la sórdida ambición. 



VII 



Mas tú no eres del mundo, lo sé, Musa querida; 
El cielo es tu palacio, tu cuna fué una flor; 
Tú tienes pensamientos lejanos de otra vida; 
¡Hay sombras que en tus ojos lo dicen á mi amor! 



— 45 — 



VIII 



Tú sueñas cuando el aura besándote en la frente 
Te deja de las flores la esencia virginal; 
Despiertas al murmullo de cristalina fuente; 
Tus lágrimas son perlas, tu sangre es el coral. 



IX 



Tú bebes de la noche las gotas de rocío, 
Tu aliento viene en alas de luz primaveral; 
Si lloras, hay un astro que rueda en el vacío, 
El cual lleva tu llanto, al ceibo y al rosal. 



X 



En ti el poeta encuentra su fuente inspiradora, 
Tú tienes del abismo la incógnita atracción; 
Tus bucles son los rayos que el sol pinta en la aurora, 
Cascadas de esmeraldas tus verdes ojos son... 



XI 



No sé si cuando muera, por la ignorada senda 
Podré yo acompañarte, ¡oh Musa de mi amor! 
Mas cree que si el cielo me otorga alguna ofrenda, 
Serás tú la primera que llame el trovador. 

- 46 - 



XII 



Y si por siempre vienes á hacerme compañía, 
Si acaso esa es la gloria que sueñas tú también; 
¡La tumba será aurora, su sombra claro día, 
Y flotará en su cielo nuestro adorado Edén! 



— 47 — 



La Noche 



Al doctor Juan Andrés Ramírez. 



I 



Comienza á anochecer... quedan los huertos 

Cual mortajas de muertos 
Durmiendo manso sueño en las tinieblas; 
La brisa entre lo oscuro del paisaje, 

Deja oir su lenguaje 
Que parece un suspiro de las nieblas... 



II 



Su manto recamado de diamantes 

Y fúlgidos brillantes, 
La oscura noche á desplegar empieza; 
Y la luna, radiante de blancura, 

Reverbera en la altura 
Reflejando en los campos su tristeza. 

- 48 - 



III 



Se aleja la lechuza de su nido, 

Y con sordo graznido 
Va sembrando el espanto de tal suerte, 
Que aquel que le está oyendo en su cercado, 

Se siente traspasado 
Por la aguda guadaña de la muerte. 



IV 



Deja el zorro su oculta madriguera, 
Y en el silencio espera 

La hora de internarse en las cabanas; 

Y en tanto que camina receloso, 
Busca el rastro, afanoso, 

Para llevar á cabo viejas mañas. 



V 



Todo duerme en redor plácidamente; 

Sólo el canto estridente 
Del gallo, turba el nocturnal reposo; 
El viento se desliza sin premura, 

Y arranca á la espesura 
Un suspiro doliente, quejumbroso... 

r — 49 — 



VI 



Pálida luz... la noche se colora... 

Ya en el cielo la aurora 
Se transparenta tras purpúreo velo : 
Naturaleza rompe en armonías, 

¡Y gratas melodías 
Se elevan de los niños hacia el cielo ! 



- 50 - * 



Fantasía 



i 



ES tan pequeña Elena y tan hermosa, 
Que al quedarse dormida entre las flores, 

Semeja blanca rosa 
Expuesta en un torneo de colores... 



11 



Todo canta sus himnos á la vida... 
Está el valle cubierto de azucenas, 

Y Elena distraída 

Se acerca á las colmenas: 
Alborota el enjambre, y rumorosa 
Una abeja alza el vuelo, 

Y en su frente se posa 
Hendiendo el aguijón, como si fuera 

La niña flor viviente, 

Que caída del cielo, 
A esta tierra mortal llegado hubiera, 
¡En vez de ir á una estrella refulgente! 

— 51 — 



III 



En la frente de Elena 
Ha brotado un rubí, rojo, encendido, 
Y la abeja retorna á su colmena 
Lamentando el engaño en que ha vivido. 
Pues si antes, como todos sus mayores, 
Por la apariencia nada mas juzgara, 
¡ Hoy ya sabe que el alma de las flores 
No está en aquéllas en que ayer libara!. 



IV 



En tanto que la abeja delirando 
De placer, regresaba á su colmena, 
¡Sabe Dios de qué ensueño despertando! 

La desolada Elena 

Se encamina llorosa 
Hacia la orilla de cercano río, 

Y en la corriente undosa 
Cae la gota de sangre, que el impío 
Insecto hizo brotar sobre su frente, 

Y á los breves instantes 
Se coloran las ondas cristalinas 

Que bañan suavemente 
Las faldas de las fértiles colinas 

Y praderas distantes... 



Ha pasado algún tiempo, llega un día, 
En que Elena como antes discurría 
Por el mismo paraje, donde otrora, 

Una abeja traidora 
Le asaltó con frenética osadía; 

Cuando al fijar los ojos, 
Vio que orlaban las márgenes de un río, 
¡Mil florecillas de matices rojos 
Que lucían su llanto por rocío! 



— 53 - 



Libertad 



¡Oh reyes que en la tierra fundáis el poderío 
Con el sudor y el oro de toda una nación! 
Los que quitáis al hombre con leyes su albedrío, 
¿No veis que el astro rojo que gira en el vacío 
Alumbra cual las vuestras, del triste la mansión? 



Monarcas que en el solio sentáis á la Mentira, 
Jamás de vuestras manos recibiré el laurel, 
Laurel que fuera afrenta lucir sobre mi lira, 
Cuyo cordaje vibra, si el bien es quien la inspira, 
Y vale más que todos los cetros de oropel. 



.-. i - - 



III 



¡ Y el pueblo los acata ! . . . el pueblo que potente 
Podría con su soplo sus tronos derribar, 
Aun marcha con corona de espinas en la frente, 
¡ Como águila que mira las cumbres ; ¡ impotente ! 
Tras hierros que le impiden su vuelo levantar! 



IV 



Mas siempre hay germen vivo que arde en sus entrañas; 
¡ El águila no olvida su amada libertad ! 
Los bosques, las llanuras, las fértiles campañas, 
Su alcázar, el espacio; su cuna, las montañas, 
Desfilan á sus ojos cual sueños de otra edad! 



¿ Y el hombre ha de ser menos que el águila encerrada ? 
¡También gozó en la infancia del mundo, libertad! 
Al cielo se alzó un día su límpida mirada, 
Y transcurrió su vida, tranquila, descuidada, 
Sobre la tierra virgen; ¡la tierra, su heredad! 

— 55 — 



VI 



El fruto sazonado, su vida alimentaba, 
Las fuentes cristalinas le dieron su raudal; 
¡Entonces era suyo cuanto su planta hollaba! 
Y dueño de la tierra, de libertad gozaba: 
¡No olvide! ¡no! los sueños del águila caudal! 



- 56 - 



Incógnita.... r 



i 



PORQUE aún es cual capullo el ángel que yo adoro 
Preciso es que le oculte mis duelos y mi amor; 
¡ Es niña y aún son puros sus sueños como el oro l 
¡ Á qué anublar su frente con manchas de rubor ! 



II 



¡Oh tú, secreto caro, que mi memoria llenas, 
No te alces de tu lecho! aun tienes que dormir! 
Hasta que ya apiadado el cielo, de mis penas, 
Mi nombre con el suyo consienta en bendecir. 



III 



Tú ignoras que te adoro . . . pues todo pasa en calma j 
Todo en silencio queda, entre nosotros dos; 
Los tristes pensamientos que cruzan por mi alma, 
¡No asoman á mis ojos... pero los sabe Dios! 



— 57 



IV 



Mi amor es infinito, ¡tan grande como eterno! 

Y acaso tú mañana, lo puedas comprender: 

¡ Que él sólo ha combatido las nieves de mi invierno, 

Y me prestó sus alas cuando me vio caer! 



V 



Permite que mis ojos te miren con ternura; 
Permite con tu labio al mío delirar, 
En tanto que ese día de paz y de ventura, 
Triunfando de las sombras, al fin llegue á brillar. 



VI 



Entonces sí que el alma, ya libre alzará el vuelo, 

Y en la región más pura te encontrará mi amor, 

Y allí donde no hay nubes, bajo el dosel del cielo, 
Adoraremos juntos la imagen del Señor. 



VII 



Mas ¡ ay ! que para entonces, aun faltan muchos días, 
Puede que el llanto venga mis dichas á eclipsar, 
Pueden caer marchitas mis locas alegrías, 
Siguiendo á mis delirios, la duda y el pesar. 

— 58 - 



VIII 



Mas dime si lo sabes, la suerte que me espera; 
Alumbra al peregrino, la senda por do va: 
¡Yo quiero que me anuncies si existe una barrera, 
Y si hay algún abismo, me digas dónde está! 



IX 



No dudes de mi esfuerzo, por nada yo vacilo, 
Sólo al engaño temo, sólo él me hará caer; 
Que abismos y barrreras con paso bien tranquilo, 
En mi camino todos, los lograré vencer! 



Y cuando ya triunfante retorne cual guerrero 
Que del combate trae laureles que lucir; 
Mi sien ceñida en flores, mi corazón sincero, 
Querrán contigo sólo, su gloria compartir. 



XI 



Y es noble que tú aceptes los lauros del soldado, 
Corona tú con ellos tu frente de mujer, 
Y olvida que mi escudo con sangre se ha bañado, 
¡Y olvida que en la lucha bien pude perecer! 

— 59 — 



XII 



Yo sólo he de contarte, de mis pasados días, 
De aquéllos que sin sombras se puedan bosquejar ; 
Aquéllos que inspiraron mis pobres poesías, 
¡ Serenos como el cielo y azules como el mar ! 



XIII 



Mis noches de tristeza, de insomnio, de amargura, 
Aquéllas en que el llanto nublaba mi razón, 
Aquéllas sin un sueño de dicha ni ventura, 
Jamás ha de saberlas tu tierno corazón 



XIV 



No quiero verte triste, no quiero que tu llanto, 
Venga en tus ojos garzos, mi historia á recordar, 
Dejemos al pasado, y el porvenir en tanto 
Arrulle nuestros sueños: ¡podemos, sí, soñar! 



— 60 — 



Primavera 



i 



¡ FELIZ Primavera, 
Oh reina del tiempo, duquesa de amores! 

Por tí la pradera 
Se cubre de arbustos, y abriendo las flores 

Sus tiernos capullos, 
Al aura le prestan sus suaves aromas; 

Por tí las palomas 
Su amor se confiesan en dulces arrullos. 



II 



Renace en el viento 
El grato murmullo del árbol frondoso, 

Llevando en su acento 
Las voces del bosque que gime armonioso. 

Más suaves las brisas, 
Nos traen aromas de ricos jardines; 

¡Violetas, jazmines, 
Tus duelos son ellas, son éstos tus risas! 

— 61 — 



III 



Ya está la colmena 
De miel rebosando, y nace en el prado 

La blanca azucena; 
El árbol de flores está coronado, 

En todo alegría, 
Templado el ambiente, los campos floridos, 

Vibrantes los nidos 
Que llenan el aire de grata armonía. 



¡ Feliz Primavera ! 
Que á un tiempo te anuncian con músicas suaves, 

La verde pradera, 
Las voces del viento... del bosque... las aves... 



— 62 — 



Invierno 

Al doctor Pedro Figari. 
I 

NATURA está inerme... 
Las auras levantan sus tristes gemidos, 

Y el bosque se aduerme 
Sin aves, sin cantos, sin hojas, sin nidos . . . 

El viento zumbando 
No trae en sus alas aromas de rosas, 

¡Ni pasan volando 
Crisálidas blancas como antes hermosas! 



II 



La alfombra de nieve 
Que cubre las calles y seca las flores, 

Tornar hace breve 
La voz que levantan doquier los rumores. 

Las frías mañanas 
No alumbran las galas de mustias praderas, 

Y ya las obreras 
Trabajan cerrando las viejas ventanas. 

- 63 — 



III 



Se siente á los ríos 
Que están desbordados, correr en los valles 

Mugiendo bravios; 
Son pocos los niños que cruzan las calles; 

Pues muchos han ido 
Al lado del fuego que tiene el abuelo, 

Y están en el suelo 
Oyendo los hechos de un viejo bandido... 



IV 



Las aves huyeron... murió la armonía 
Envuelta en el manto de pálido invierno; 1 
Ya todo son duelos, ya todo tristeza, 
¡Qué lentas transcurren las horas del día! 

¡ El tiempo es eterno ! 

¡ La vida nos pesa ! 



64 — 



Luz y sombras 



i 



AUN recuerdo aquel día, 

Aun guarda mi memoria 
El sueño que forjó mi fantasía; 

Era el amor primero, 
Era la luz, la vida, la alegría, 
La blanca flor que tuvo en sus aromas 

El secreto del cielo 
Cantado por sus místicas palomas ! 
Y era feliz porque sentía el alma 
Bañada por el sol del paraíso; 

Porque mi vida entera 
Se adormecía al beso de las brisas 
De una suave y templada primavera. 



II 



Y yo la idolatraba, Dios lo sabe, 
Que al elevar hasta Él, mis oraciones, 
En todas imploraba 

- 65 - 



Para ella nada más sus bendiciones, 

Y era tanta mi fe, mis ruegos tantos, 
Tan grande mi pasión y mi embeleso, 

Que al quedarme dormido 
Soñaba con que un ángel me traía 
Enviado por su amor, un casto beso, 

Y que al sentirlo, el corazón amante 

Lloraba enternecido . . . 



III 



Hoy todo concluyó... 
Siento en redor las lúgubres campanas 
Llorar con sus tristísimos gemidos, 
Volverse muy nubladas las mañanas 

Y abandonar las tórtolas sus nidos, 
Quedarse el bosque sin rumor, desierto, 

Y abatido el follaje 
Por la nostalgia de su amor que ha muerto; 
Los arbustos sin flores 

Y Ja escarcha cubriendo las praderas, 

En todo mustia calma, 
Se apagan en la sombra los fulgores. 
El sol está enlutado, queda solo 

El invierno del alma. 



- 66 - 



¡Amor! 



i 



ES la mano de Dios en nuestra frente 
Que hasta su altar nos acompaña y guía: 
Ósculo de bondad, símbolo ardiente 
Que sólo comprendió la poesía! 



II 



Sol que nos brinda espléndido tesoro 
Trocando en perlas el impuro cieno; 
Es la esperanza con ensueños de oro 
Vertiendo flores de su amante seno 



III 



La comunión del alma enamorada, 
El cáliz rebosando de ternura; 
Primera luz que anuncia en la alborada 
Gratos días de sol y de ventura 

- 67 — 



Espejo donde quedan retratadas 
La imagen y el color de las estrellas, 
Que al mirarse en su fondo reflejadas 
Aun parecen más rojas y más bellas. 



VI 



Amor ¡ sublime ideal ! canto del cielo 
Que puebla el mundo de armonía ignota; 
Ave que os deja cuando eleva el vuelo 
Herido el corazón y el alma rota! 



— (>s — 



A Dios 



i 



¡OH Dios, sumo creador Omnipotente! 
Astro de luz que la ilusión no alcanza, 
Deja á mi amor que en su delirio intente 
Con el sueño vivir una esperanza. 



II 



Deja que mi oración levante el vuelo 
Y llegue hasta tu altar serena y pura, 
Mi plegaria suspira por el cielo: 
¡Es fuerza que se eleve hasta la altura! 



III 



Todo llega hasta Tí, Dios soberano, 
Las flores que tapizan la pradera 
Te envían su elixir fresco y lozano 
En alas de la brisa pasajera. 

— 69 — 



IV 



Si en el amor hay cantos de alegría, 
La virtud tiene galardón de gloria, 
Porque á todo, Señor, tu dedo guía, 
Porque todo es presente en tu memoria! 



Por Tí trinan las aves en los montes 

Y murmuran las fuentes y las palmas, 
Por Tí encienden su luz los horizontes 

Y se eterniza el fuego de las almas. 



VI 



¡ Mundos, soles, estrellas y planetas, 
Sombras, color y luz, nubes y viento, 
Aereolitos fugaces y cometas 
Siguen siempre, Señor, tu pensamiento! 



— 70 - 



Volverás ! 



i 



NO sé que fuerza á mi razón levanta, 
Ni la luz misteriosa que me guía; 
¡Yo sólo sé que el ave cuando canta 
Es porque ha visto el resplandor del día ! 



II 



A4 fondo de mi osado pensamiento 
No llega tu desdén ¡ni su vislumbre! 
¡Águila herida en la región del viento 
Aun sueña en el abismo con la cumbre! 



III 



En vano te será que tus rigores 
En contra de mi amor emplear quisieras: 
¡Al beso de la luz se abren las flores, 
Y con flores y luz las primaveras ! . . . 

— 71 - 



IV 



No desisto mi bien del dulce anhelo 
De llegar hasta tí ¡y aún, ser querido! 
Pueden las nubes ocultar el cielo 
Mas no yace por ello el sol vencido! 



V 



No es cariño de ayer, y en vano fuera 
Romper de su alto influjo el poderío: 
¡ El ave que ha nacido prisionera, 
Si le dan libertad, muere de hastío! 



VI 



La luz es la verdad, que cual la aurora 
Deslumhra con eternos resplandores; 
Deja paso en tu mente soñadora 
Á los besos del sol y de las flores. 



VII 



¡Tú volverás á mí! al peregrino, 
AI mártir que sonrió de los dolores; 
La ley inexorable del destino 
Se quiebra ante el poder de mis amores! 



VIII 

Mas si sintieras vacilar el paso, 
Desciende sin temor por la pendiente; 
¡El sol, cuando agoniza en el Ocaso, 
Una aurora levanta en otro Oriente! 



IX 



¡Ven y desciende ya ¡toma mis cantos! 
Ellos tus hijos son, por tí nacieron, 
El dolor desafiaron de mis llantos, 
Y con su fe, mis lágrimas bebieron! 



X 



No te falte el valor, soy generoso, 
Me muestro á tu pasado indiferente; 
Yo no tengo el orgullo del coloso, 
Yo sé ser grande, y doblegar la frente! 



XI 



Porque aún te adoro con amante brío 
Aunque tu orgullo mi pasión empaña: 
« ¡ Puede el cráter estar callado y frío, 
Y fermentar el fuego en la montaña!» 

— 73 — 



XII 

Apúrate en volver antes que sienta 
De mi vida perder las breves galas; 
La pasión de un deseo se alimenta, 
Y ese deseo necesita de alas! 



XIII 

Yo quiero unir tu corazón al mío, 
Y entonces tú verás, con llama intensa, 
Cual otro sol alumbrará el vacío, 
La hoguera que en mi alma se condensa. 

XIV 

Apúrate en volver, y si este suelo 
El desengaño te mostrase un día, 
Sería cual la alondra, y en mi vuelo 
Á otra región de luz te llevaría! 



XV 



Ven ! porque unidos en abrazo fuerte 
Arrancaremos del placer las palmas: 
¡Si el cuerpo cae al golpe de la muerte, 
Aun quedan para amarse nuestras almas! 

- 74 - 



Zoófito ! 



i 



PUEDES vivir con tu soberbia ufano 
Tú, que no has visto el esplendor del cielo, 
Tú, que te arrastras como el vil gusano 
Sin comprender la majestad del vuelo. . 



II 



No han de turbar la placidez de mi alma, 
Tus vacíos y pobres desaciertos: 
¡Qué le importa la sombra de la palma 
Al piélago de luz de los desiertos! 



III 



Vienes á mí cual Júpiter tonante, 
Pero tu gesto mi desdén provoca; 
¡Sólo la piedra que nació diamante 
Deja su huella en el cristal de roca! 

— 75 — 



IV 



La bajeza de tu alma no me asombra 
Ni me causa estupor tu villanía; 
Al topo ¡que ha nacido entre la sombra! 
Le ofende siempre el luminar del día. 



Yo sé qué Furia tu cerebro escarba 
Y te abisma en tinieblas pavorosas: 
¡Te devora la envidia de la larva 
Que ha escuchado volar las mariposas ! 



VI 



No creas que jamás tu insulto pudo 
Merecer más respuesta, ¡que desprecios! 
¡Sobre la malla de mi fuerte escudo 
Se quiebran los aceros de los necios! 



VII 



No has de estorbarme el paso aunque lo quieras, 
Armado de tu cólera impotente; 
¡Se derrumban y ceden las barreras 
Al empuje impetuoso del torrente! 

— 76 - 



VIII 

El tósigo que escondes en tu pecho 
Jamás podrá contaminar mis galas, 
Aunque te hunda en la sima del despecho 
El solo abaniqueo de mis alas! 



IX 



Quieres causarme desazón y encono, 
Mas nunca al cóndor ofendió el polluelo; 
¡Para llegar adonde está mi trono, 
Es necesario remontar el vuelo! 



X 



Nací para luchar: ¡ése es mi lema! 
Con mi orgullo, tus odios desafío, 
Y con el sol de mi triunfal diadema 
Devolveré tu vanidad al vacío! 



XI 



No has de verme flaquear ; ¡ voy á la cumbre 
Y de mi paso besarás las huellas: 
¡ Cuando el sol baña el mundo con su lumbre, 
Se apagan en el cielo las estrellas! 

— 77 — 



XII 



No temo tu rencor, ¡yo soy más fuerte! 

Y no llega hasta mí tu insulto necio; 
Has venido á luchar, y he de vencerte 
Con toda la altivez de mi desprecio. 

XIII 

¡Huyo de tí! y la menguada lidia 
Con que piensas honrarte, ¡la rechazo! 
¡Quieres cerrarme el paso con tu envidia, 

Y por doblarla, me abriré ese paso! 

XIV 

¡Huyo de tí! me aterra tu vileza; 
Quedas dueño del campo, ¡le abandono! 
Porque es ley natural en la nobleza, 
Responderle al villano: ¡Te perdono! 



— 7H 



Delirio 

i 

YO vengo de otros mundos, yo soy un misionero ; 
Tengo de las montañas la poderosa voz, 
Todo á mis pies se humilla con ánimo rastrero, 
Será el noble mi esclavo, el rey mi pordiosero, 
Tendrán que coronarme: ¡yo soy hijo de Dios! 



II 



Deliro con el triunfo, adoro la grandeza, 
Mi espíritu me eleva á incógnita región ; 
De allí todo parece ridicula pobreza, 

Y hasta la misma vida que da naturaleza 
Mis ojos la contemplan cual vil vegetación. 

III 

Si hay almas que hasta el crimen albergan en su seno, 
Haré yo que esas almas á Dios puedan llegar; 
Yo soy el sol que vierte sus rayos sobre el cieno, 

Y torna al cielo puros, ya libres de veneno, 
Los miasmas que á la tierra podían infectar. 

— 79 — 



IV 



Yo soy un elegido, mi voz es la que encierra 
Lo grande, lo sublime que aspira la ambición; 
Yo vengo á combatirles los genios de la guerra, 
Yo vengo á iluminarles, y aquí sobre la tierra 
Encenderé en mi trono la luz de la razón. 



V 



¿Quién es el que se opone á combatir mi intento? 
¿Quién es el que me niega mi genio y mi saber? 
¿El pueblo? — ¡No! ¡mentira! él ve mi pensamiento 
Que escrito está en las páginas del invisible viento, 
Y quien al viento mire, ¡mis frases ha de leer! 



VI 



Los reyes, ellos solos se burlan de mi ciencia, 
Me llaman insensato, me llaman soñador, 
Y en vez de fulminarlos, perdono su inconsciencia, 
Porque en la tierra siempre se apellidó demencia, 
Al genio luminoso, al genio creador! 



VII 



Reid, ¡ monarcas necios ! que ha de llegar el día 
En que los tronos hechos pavesas he de ver, 

Y entonce el mundo entero será la patria mía, 

Y en él todas las razas tendrán sólo por guía 
La antorcha que derrame la luz de mi saber! 

— 80 - 



Nocturnos 



A Ellas. 



A vosotras os canto, 
Las que lleváis mezclados con el llanto 

Un idilio de amor y poesía ; 
Blancas huríes que en sereno vuelo 

Se conquistan el cielo 
Que señaba mi ardiente fantasía; 



Por vosotras mi lira, 
Vibrar siente sus cuerdas y se inspira 
Y errante trovador busca mi acento 
Un himno de expansión á mis amores, 

Que tenga muchas flores 
Donde brille la luz de un pensamiento!. 



SI al leer estas páginas sintieras, 

Como oculta sonrisa 
Llega á tus labios, sin que tú sospeches 

Que es tu misma alegría; 
O si acaso una lágrima de fuego 

Rodara en tu mejilla, 

Recuerda tu pasado; 
Tal vez de aquellos venturosos días, 

Como lejana historia 
Se levante una imagen que dormía... 
La imagen del amor, y nuestra infancia 

Con sus dulces sonrisas 
Despertarán de nuevo en tu memoria; 
Y al mirar los recuerdos que desfilan 
Tan queridos aún para nosotros, 

Brillará en la pupila 
Como el último adiós á esos fantasmas, 
La lágrima del alma desprendida. 



- 83 — 



II 



SI en mi camino te encontrara triste 
Y á mi llegaras implorando amor, 
Yo al verte exclamaría: sufre y calla, 
Como he sufrido yo! 

Mas si te viera alegre y las sonrisas 
Á tus labios llegaran á asomar; 
Si al pasar sorprendiera tu mirada 
Indiferente ya ; 

Yo entonces de rodillas te dijera: 
Mujer, ten más piedad; 
Si me dejas seguir, ya en esta vida, 
No has de hallarme jamás. 

Pero si acaso nuestras almas gozan 
Vida en la eternidad, 
Por no habernos amado ¡cuántas veces 
Tendremos que llorar! 



- 81 — 



III 



MUY pronto partiré; guarda escondida 
Mi última confesión, mi primer beso; 
La ausencia será larga; mas si quieres 

Que nuestros pensamientos 
Puedan hallarse alguna vez, levanta 

Tu mirada hacia el cielo 

Cuando muera la tarde; 
Y Venus brillará; y en el silencio 
De la callada noche, nuestras almas 

Levantarán el vuelo 
Á la apartada cita misteriosa, 

Y hablarán sus secretos! 



- S5 - 



IV 



ES la voz de Chopín ... su triste acento 
Como un vago gemido se levanta, 
Agoniza el amor sobre el teclado 
Y los ojos de lágrimas se bañan; 

Cuántos recuerdos del pasado llegan, 
Cuántas dichas de amor, cuánta esperanza, 
En torno de nosotros se presentan 
Como viejas visiones enlutadas! 

Todo vuelve á nacer; ¡hasta los hechos 
Que se remontan á la tierna infancia, 
Para hacernos sufrir, junto á nosotros 
Llegan batiendo sus marchitas alas! 

Los amores pequeños se engrandecen, 
El secreto que duerme se dilata; 
La vida que hasta ayer era un misterio, 
Se comprende en lo íntimo del alma!... 

— 86 — 



Sólo queda un rumor... confuso... vago... 
Ya la voz de Chopín débil descansa, 
Despertamos de un sueño y ¡cuántas cosas 
En vano procuramos recordarlas ! 

El éxtasis de amor, aquella vida 
Llena de luz, tan pura, tan lozana, 
Como la esencia de una flor que ha muerto, 
Se aleja acariciada por las auras 

Agoniza el amor... duermen las aves 
Ateridas de frío entre la escarcha; 
Alguien llora á lo lejos en las sombras: 
4 Es el débil suspiro de las almas! 



— 87 — 



V 



LIBRES aún los dos, tal vez pensando 
Cuándo terminará nuestro dolor, 
Por la senda seguimos del orgullo, 
Callando nuestro amor. 

Yo sé que muchas veces tú me miras 
Como implorando á mi bondad perdón, 

Y el ruego de tus ojos, no conmueve 

Mi enfermo corazón; 

Y otras veces soy yo quien á tu lado 
El perdón de tus labios va á buscar, 

Y al parecer sonriendo, indiferente, 

Tú me miras pasar. 

Mas el día feliz que ardiente espero, 

Y ése que sueñas tú, llegar podrá; 
Nuestro destino en nuestros labios se halla, 

¿Pero quién hablará? 



VI 



YO creía en su amor y locamente 

Mi corazón la di, 
Pero al irlo á buscar, ella me dijo: 

«Ha tiempo lo perdí.» 

Y es inútil que busque, pues no hallo 
Venganza á su traición; 

¡Que también para odiar, se necesita 
Tener un corazón! 



— S9 — 



VII 



DE un grupo de «touristas> me llamaron, 

Y cuando me acerqué, 
Una amiga me dijo : « Entre nosotras 

Hallarás á Rene ; » 

Y entre todas las máscaras del carro 

Muy pronto te encontré, 
¿Y extrañaste de cómo yo entre tantas 
Te pude conocer? 

Mientras no puedas ocultar los ojos, 

Ellos te han de vender; 
Que es tu mirada sola, la que lleva 

El nombre de Rene. 

Y ya frente de ti, como un amigo, 

Sin recuerdos de ayer, 
Un ramo te ofrecí, y tú de nuevo 
Mostraste tu desdén; 

— 90 — « 



No quisiste aceptarlo: ¡ya comprendo!... 

Tú creías, tal vez, 
Que tomando aquel ramo, doblegabas 

Tu orgullo de mujer; 

Y olvidabas que todo mi amor propio, 

Mi orgullo, mi altivez, 
Al acercarme á ti, dentro del alma 
Tenía que vencer; 

Y olvidabas que era el ofendido 

Quien á buscarte fué; 
Que llevaba el perdón, aunque mis labios 
Amargaban la hiél; 

Y quién sabe si acaso interiormente 

Te reías también... 
¡Mas calla, si te burlas de mis penas, 
No lo quiero saber!... 

Pero ahora, otra vez, siento de nuevo 

Que te vuelvo á querer ; 
Si es orgullo ó cariño, no preguntes: 

¡ Me arrastra tu desdén ! 



— 91 — 



VIII 



ES muy joven aún; calla, alma mía, 

No digas que la amas; 
Esconde tu secreto, ríe y sueña 

Con tu sola esperanza! 
No es hora aún de que tu voz levantes, 

Lira de mis entrañas; 
Deja dormir tus cuerdas, y aunque sufras, 

Espera resignada; 

Tal vez muy pronto puedas 
Vibrar ante las puertas de mi amada; 
Y entonces sí, le harás saber que sólo 

¡ Es por ella que cantas ! 



_ t.)2 « 



IX 



TU amor es para mí todo un misterio 

No puedo comprenderte; 
Inútil es que trates de explicarlo : 

No logras convencerme. 

Porque si es cierto que el amor primero 
Está en tu alma latente, 

Y su fuego no ha muerto, ¿cómo anhelas 

Que otro amor se sustente? 

Y respondióme entonce : « acaso puedas 

Tú, pronto convencerte; 
Cuando la veas, y conmigo digas: 
¡ ¡ Cómo se le parece ! ! » 



_ t/3 — 



X 



TIEMBLA mi pluma y muere el pensamiento. 
La luz que me inspiraba tu pupila 
No brilla en mi cerebro. 

Y la ¡dea escondida entre las sombras 

Duerme plácido sueño!... 

Sólo sé que te amo. No me pidas 
La confesión porque te adoro tanto, 

Que no sabré decirlo... 
Soy como un niño que á su madre besa 

Y no sabe el por qué de su cariño. 

Sé la madre del niño... no investigues 
La causa de ese amor que es sobrehumano; 

No busques el misterio, 
Ni trates de encontrar en la palabra 
El enigma de lágrimas y besos! 



— 94 - 



XI 



LAS estrellas del cielo, aquellas blancas, 

Puras como el querer, 
Si saben que no me amas, yo lo juro, 

¡No te han de responder! 

Pero si acaso existe una esperanza, 

Una sola no más, 
Las estrellas del cielo, con mis penas, 

Mi amor te contarán. 



— 95 — 



XII 



YO sé que muchas veces preguntaste 
Si es verdad que te amaba; 
Yo también, como tú, siempre interrogo 
Si es cierto que me amas. 

Y así á veces los dos alimentamos 

Alegres esperanzas, 

Y otras veces sentimos que los ojos 

Se nos llenan de lágrimas; 
Tal vez al encontrarnos, en silencio 
Se comprendan las almas, 

Y por eso sentimos que en los labios 

Expiran las palabras. 



06 — 



XIII 



TIENE la rubia á quien yo adoro tanto, 

Muy triste la mirada; 
Yo sé por qué en sus ojos cruzan sombras 

Porque leen en mi alma! 

Al encontrarme, en su aflicción me dice: 
«Las ausencias son largas;» 

Y al despedirme, me repite ansiosa: 

« Ven temprano mañana. » 

Y al hallarnos de nuevo, cuando el cielo 

Blanquea con el alba, 
Nos contamos los sueños que nos brindan 
Recuerdos de la infancia; 

Y esa infancia fué nuestra, y ella ha sido 

La inocencia del alma: 
¡Cuántos besos buscaron nuestros labios 
Para plegar sus alas! 

vil — 97 — 



XIV 



CUANDO cerca los dos nos contemplamos 
Como queriendo penetrar el alma; 
Cuando surge del fondo un pensamiento 
Envuelto con la luz de la mirada; 

Exclamo yo: dichoso si algún día 
Pudiera mi pasión adivinarla ! 
Mas luego arrepentido, digo á solas: 
¡Mejor es que no llegue á sospecharla! 



— 98 — 



XV 



SOÑÉ que mi pasión la conocía, 

Y al despertar, sentí que muchas lágrimas 

Rodaban de mis ojos ; 
¿Por qué? ¡Me lo preguntas! Si abrigara 

De su cariño sólo 

La más leve esperanza: 
¡Entonces sí, querría que supiese 

El secreto de mi alma! 



_ 99 — 



XVI 



LO he llegado á saber por tus amigas; 
Me han dicho que reías de mis cartas, 

Y también me han contado 
Que al leerlas el sueño conciliabas; 
¡Y me han hecho feliz, cuando creían 

Que mi alma destrozaban! 
; Oh, si fuera verdad lo que me han dicho 

¡Aún sueñas con mis cartas! 



- 100 - * 



XVII 



SIEMPRE lo ignorará; que en el silencio 

De la noche callada, 
Bien oculto en las sombras, desde lejos 

La veo en su ventana. 

¿Y la causa preguntas? — Vamos, niña, 
Si el secreto me guardas, 

Yo á contártelo voy; mas antes jura 
Mi confesión callarla. 

Y ya que tanto te interesa, sabe 
El temor que me asalta: 

¡Tengo miedo que al verme, ella me deje 
Solo con su ventana ! 



- 101 — 



XVIII 



HAY flores que cierran su fresca corola 
Al ver cuando el día muñéndose está; 
Yo soy de esas flores, tú el sol de esa' vida; 
Si acaso no vuelves, la flor morirá. 



XIX 



QUE sus ojos más bien son apagados 
Me has dicho, y falso es ello: 
Si vieras con los míos, tú dirías : 
¡ Su mirada es un beso ! 



— 102 - 



XX 



SOMBRA querida que mi mente llena; 

¡Imagen de mi amor! 
Seguid alimentando mi esperanza, 

¡Engañad mi dolor! 

Sueños que al desprenderse de mi mente 
Hacia otras almas van, 

Que saben sonreír con lo imposible 
De mi insensato afán; 

¡Seguidme, vanas sombras, donde vaya! 

Aunque así me engañéis: 
Esperanzas, quimeras, espejismos, 
¡De mí no os apartéis! 



— 103 — 



XXI 



CONOCE tu pasión, y siempre al verte 

Se muestra contrariada; 
El amor no te ciegue, ten orgullo,. 

No vuelvas á mirarla. 

Así me dijo, y comprendiendo acaso 
Que el valor me faltaba, 

Se despidió diciendo: ¡no te importe; 
Si apenas tiene alma!... 

Y solo me quedé, y al breve rato 

Ella ante mí pasaba; 
Mas no sé por qué entonces, como nunca 

Me puse á contemplarla. 



— 104 — 



XXII 



CUANDO en tus labios la sonrisa juegue, 

Y la sofoque yo; 
Cuando nuestras miradas se confundan 

En un beso de amor; 

Te diré que en mis ojos hay más vida 
Y que más bellos que los tuyos son, 
Pues flota en ellos, entre densas sombras, 
Luciente y rojo sol! 

¿Ríes, al creer que lo que quiero es sólo 

Herir tu presunción? 
¡No ves que en mi pupila está tu imagen, 

Como en su trono Dios! 



— 105 — 



XXIII 



AL mirar tu retrato recordaba 
Nuestro pasado amor, 

Y me puse á llorar, mientras decía: ' 

Reirá de mi dolor. 

Y sentí que mi orgullo murmuraba: 

Ya jamás te amaré, 

Y tomando el retrato entre mis manos, 

Al fuego lo arrojé. 

Pero al verlo al instante devorado, 
¡Cuánto, cuánto sufrí! 

Y no quise perderte, y las cenizas 

Al punto recogí! 



- 1% - 



XXIV 



SI es cierto que los sueños son presagios 
Que le anuncian al hombre el porvenir, 
Yo podría exclamar lleno de gozo : 
¡Aún deseo vivir! 

Mas si son espejismos de la mente 
Y una quimera sólo es el soñar; 
Que la noche sea larga, y aún eterna: 
¡ No quiero despertar ! 



— 107 — 



XXV 

EL templo está desierto; sólo se oye 
De la calle el monótono rumor; 
Yo solo velo allí, soy una sombra, 
Nadie sabe el por qué de mi dolor. 

De hinojos ante el ara de la Virgen, 
Cuando todos se van de su mansión; 
A la madre de Cristo, en el silencio, 
Paz le pide mi enfermo corazón. 

Todo era calma, y en la inmensa nave 
Sólo abría sus alas la oración; 
Cuando llegó á mi oído suspirando 
Una voz que imploraba mi perdón ; 

Dime vuelta, la vi, y olvidé todo, 
Y mi labio convulso murmuró: 
¿Tú pides mi piedad ? ¡ Si ya la Virgen, 
Al llamarte hasta aquí, te perdonó ! 

— 108 — « 



XXVI 



YA estamos en el lago. ¿Te da envidia 

Como los cisnes nadan? 
También nosotros dos surcar podemos 

Esas ondas de plata. 
Á la góndola vamos! ¿cuál prefieres: 

Aquélla toda blanca, 
Ó te gusta la negra que parece 

Una fúnebre garza? 
Corramos á la orilla, que el barquero 

Se dispone á dejarla; 
No hay tiempo que perder, pronto subamos 

A la góndola blanca. 
El lago está muy triste y en sus ondas 

Se ven mecer las auras, 
Agoniza la tarde, y por instantes 

El crepúsculo avanza... 
Ya cayeron las sombras, y la tierra 

Ha quedado enlutada! 



— 109 — 



AI través de la noche, y vaporosa, 

Como errante fantasma, 
Envuelta en el misterio va la góndola 

Y las tinieblas rasga. 
Se escuchan los arrullos de los remos 

Que acarician el agua, 

Y con leve rumor, abren los besos 

En la sombra sus alas. 
De pronto el horizonte se ilumina 
Con reflejos de plata, 

Y la luna aparece soñolienta 

Con su faz demacrada 
Sorprendiendo el misterio de las sombras; 

Y la góndola blanca 
Tuvo miedo á la luz, y hacia la orilla 

Navegó avergonzada. 



- no — 



XXVII 



NO lo repitas más. Deja tranquila 

Con sus sueños al alma; 
Si ella no puede amarme, que me odie, 
¡Mas no me digas que su amor es farsa! 

Comprendo tu razón, que es imposible 

El amor en la infancia, 
Que él no vive tan sólo de sonrisas, 

¡Que bebe también lágrimas! 

Y porque siempre alegre en tu camino 
La encuentras, ¿le crees? — ¡Calla! 
Si vieras con mis ojos, ¡cuántas veces 
Triste, tú, la encontraras ! 



- 111 



XXVIII 



ES necesario que por él me olvides; 
Tú lo sabes, mi amor, cómo ha de ser! 
Él puede darte posición, riquezas, 
Y yo ¿qué te daré? 

Á su lado la vida será fácil 

Y fácil el olvido podrá ser, 

Y cuando todos tus recuerdos mueran, 

Dudarás si te amé? 

No vaciles, decídete, que al cabo 

También te adora él; 
Olvida los dolores que nos unen, 

¡Olvida nuestro ayer!... 

Me miró como miran las gacelas 
Cuando morir se ven, 

Y respondió su acento dolorido: 

¡Tú no sabes querer! 

— 112 — * 



Y aquella frase me llegó hasta el alma 

Punzadora y cruel; 
Se anublaron mis ojos, y un abismo 

Vi entreabrirse á mis pies. 

Mas dominando mi emoción, la dije: 

¡Que no te sé querer!... 
Eso afirman tus labios, mas mi llanto 

Los desmienten, ¡lo ves! 

Porque conozco mi destino triste, 

Porque te quiero bien, 
Renuncio á que compartas mis desdichas : 

¡Tú, feliz debes ser! 

Mas si la sombra de una duda puede 

Tu vida entristecer; 
Si piensas que mi amor no es como el tuyo 

¡Decide tú, mi bien! 



— 113 - 



XXIX 



QUE es imposible amarnos? ¡Quién comprende 
Los secretos del alma! 
¿No sabes tú que la pasión existe, 

Aunque duerme en la infancia? 

El misterio consiste únicamente 

En saber despertarla; 
Yo el enigma encontré, no sé explicarlo: 

Se esconde en la mirada! 



- 114 - 



XXX 



SI aquella ingrata por quien yo no vivo 
Te volviera á encontrar, 

Y te hablara de mí, como habla siempre 

Su orgullo nada más; 

Dile que no me has visto, y que no sabes 
En dónde me hallarás; 

Y si quieres, mejor dile que he muerto; 

¡ Así no mentirás ! 



- 115 



XXXI 



OYE niña mimada, de azules ojos 

Y de alba frente; 

Yo quiero de tus bucles un rizo negro, 

Y no hagas que mi pecho por él suspire, 

Si es que me quieres. 

Dame con tus sonrisas las alegrías 
Que tu alma siente; 

Y si hay alguna pena que te acongoje, 
Las gotas de tu llanto serán las perlas 

De mis claveles! 

Niña de azules ojos, de rizos negros 

Y de alba frente; 

Yo quiero en tu mirada leer el poema 
Que Dios para mí solo trazó con besos 
¡ Di que me quieres ! 



- 11», 



XXXII 



DE todos mis amigos, sólo uno 
Poeta puede ser ante su Dios; 
Lleva los mismos pensamientos míos, 
Y llora como yo! 

¿Tú no sabes quién es? ¿no lo sospechas? 

Búscale entre el dolor, 
Pero acaso su máscara te engañe: 

¡ Él ríe como yo ! 



- 117 — 



XXXIII 



JAZMINES blancos y margaritas 
Ornan los muros de tu balcón, 
Y cuando nace la roja aurora, 
Sobre las perlas que hay en tus flores, 
Se mira el sol! 



Cuando los bardos tristes y errantes 
Los himnos buscan que hablan de amor, 
Junto á tus huertos templan sus liras, 
Y de sus cuerdas, nacen mil notas 
De inspiración! 



Todas las aves en sus canciones 
Imitar quieren tu dulce voz; 
Las golondrinas de tus jardines, 
Por admirarte, hasta se olvidan 
De otra estación ! 

— 118 — 



Cuando á la noche vas por los campos 
Con las luciérnagas en derredor, 
Tú eres entre ellas la blanca luna, 
El campo, el cielo y las luciérnagas 
Estrellas son ! 



Jazmines blancos y margaritas 
Visten las tapias de tu balcón, 
Y cuando nace la roja aurora, 
Sobre las perlas que hay en tus flores, 
Se mira el sol ! 



<- 119 — 



XXXIV 



RUGIÓ la tempestad, se incendió el rayo, 

Y torrentes de lava 
Arroja el cráter inflamado, hirviente: 
El trueno como voz de las montañas 

Recorre los espacios: 
Se abre la tierra y con potencia extraña 
Horrenda vibración todo conmueve 

Y de su fondo el exterminio mana, 

Y todo lo que el hombre ha levantado; 

¡ Hasta su misma raza ! 
Todo, un sepulcro encontrarán inmenso ; 
Pero su amor, ¡oh Dios! que está en mi alma, 
No ha de morir así! Fuerza más grande 
Le anima y da poder, y con sus alas, 
Á faltarle la tierra, hasta tu trono, 
¡ Para seguir viviendo, se elevara ! 



— l'JO - 



XXXV 



Para Carlos Roxlo. 



LA noche era muy triste. . . sollozaba 
El viento entre las sombras, 
Y funeral acorde en tu ventana, 

Al golpear los cristales 
Producía la lluvia con la encarcha. 

Era un día de fiesta; 
Cumplías quince años, y arrullaba 

La ilusión tus ensueños. 
Con sus alas de armiño desplegadas! 
Muy vaga la armonía de una orquesta, 

A mi oído llevaba 

Esas notas que fueron 
El llanto ó la sonrisa, con que el alma 

De un ignorado artista, 
Deja esa voz que eternamente canta 

Ó gime eternamente. 
Un postigo entreabierto me dejaba 

De lejos contemplarte; 

— 121 — 



Y aunque el rostro azotábame la escarcha, 

¡Apenas la sentía! 
Yo no sé si la noche con el alba 

Se miran en las sombras, 
Ni sé si el sol con las tinieblas habla; 

Mas sé que sus secretos 
Se cuentan amorosas nuestras almas . . . 

¡Por eso tú me has visto! 

Y has oído también que en tu ventana, 

No solamente el viento 
De la noche, sus quejas suspiraba; 

Y te acercaste al piano . . . 
Tendió la nota sus sutiles alas, 

Llegó hasta mí y me dijo, 
Con voz que era un suspiro que me amabas ! 



122 - 



XXXVI 



I 



ME desprecias, ¡lo sé! nada me importa, 
No quebrantes mi fe con tu falsía; 
Si querer es vencer, ya no lo dudes, 
¡La corona del triunfo será mía! 



II 



Y ésa es la gloria que la cumbre excelsa 
Me hará escalar, con voluntad de hierro; 
No importa, ¡no! que esa montaña guarde 
Dichosa libertad ó vil encierro! 



III 



A ella voy pues, con ánimo sereno, 
Tumba ó laurel, los miro indiferente; 
¡Voy á buscar el triunfo, y el abismo, 
Por no verlo á mis pies, alzo la frente ! 

— 123 — 



IV 



No me contento ¡ no ! con medianías, 
Vengo á probar aquí quién es más fuerte: 
Un solo vencedor, ¡ ese es mi lema ! 
Ó todo tu laurel, ó bien la muerte! 



¡Y he de volver! y llamaré á tus puertas; 
Con frase amiga, el labio á tus amores 
Un ruego pedirá, él, que sus besos, 
Por no hacerte traición, negó á las flores! 



VI 



No te resistas porque fuera en vano 
Combatir la pasión que por tí siento; 
No conozco en el mundo la barrera 
Que sujete mi osado pensamiento! 



VII 



Por tu amor he intentado lo imposible, 
Salvé el abismo y desafié la muerte; 
Y tú, débil mujer, ¿acaso quieres 
Con tu orgullo mostrar que eres más fuerte? 

- 124 - 



VIII 

No vayas hasta ahí, ¡ deten el paso ! 
Fuerza es ya que doblegues la cabeza; 
Tú eres la tempestad, yo la montana; 
El cielo se nubló, la lucha empieza: 



IX 



Desencadena el huracán sus furias, 
Se enciende el rayo, y la vivaz centella 
Hace temblar las moles de granito 
Cuando en sus masas con furor se estrella! 



X 



Y siempre la montaña majestuosa, 
AI mismo rayo que la hiere, besa: 
¡ Desata contra mí tus tempestades, 
¡Lo quiero yo!... mi voluntad es esa! 



XI 



¡ Pero no ! mi pasión ya desvaría 
Porque todo á mis pies se desmorona; 
¡Tú eres libre mujer, y si lo quieres 
Teje en mi frente la inmortal corona! 

— 125 — 



XXXVII 



LIBRE estás ya laúd, vibra sonoro, 

Dispuesto estoy á oirte, 
Ya doblego mi orgullo, llora ó canta, 
¡No creas que yo llegue á maldecirte! 

Tu armonía levanta 
Porque te escuche la adorada mía, 

Y dile lo que sabes, 
¡Aunque rompas tus cuerdas, y en el polvo 
Duerma después mi loca fantasía! 

Dile que nunca has sido, 
Después que nos hubimos separado, 
El eco de mi alma, y también dile 
¡Que al cantar otro amor siempre has mentido! 

Que he querido olvidarla, 
Y fué en vano intentarlo, y más ardiente 
Era aún mi dolor cuando quería 
Mostrarme al lado de ella indiferente! 

Que toda mi alegría 
Era sólo un disfraz, y que en el fondo, 

— 126 — 



¡ La tristeza sentía ! 
Que el pobre corazón abandonado 
Al principio calló, como queriendo 
Soportar el dolor, y atormentado 

¡Ha sufrido sonriendo! 
Que anhelaba olvidar, y que he cantado 
Á otras mujeres un amor mentido, 
¡ Y que al querer cantar siempre he llorado ! 

Dile tú todo eso; 

Tú, que todas las noches 

Á contármelo vienes; 

Y arrúllale el oído 

Con la inefable música de un beso ! 
¡ Anda, ya libre estás, tiende tus alas 
Inspiración divina ! 

Y haz con tu voz que en las etéreas salas 
Se encienda el nombre de ella, 

Con la luz diamantina 
Que ha de brindaros la mejor estrella ! 
¡ Anda, no esperes más, sube radiante, 

Escala las montañas, 

Y en tu ardoroso vuelo 

No desfallezcas nunca, y ¡ adelante 
Hasta tocar en el azul del cielo.! 
¡No importa, no, que me desprecie y odie! 
Dile que ya mi orgullo, 

Y su desdén, bajo mis pies oprimo, 

Y al humillarme siento que redimo 
Al acerbo dolor que me atormenta; 

— 127 — 



Dile que ya mi alma 
Sólo pasión sin esperanza alienta; 
Dile que me perdone, que es en vano 

El poder olvidarla: 
¡Pues débil es el corazón humano! 

Hoy como ayer lo intento, 
Mas cuántas veces ¡ay! he sucumbido 
Al quererme arrancar el pensamiento 

Y dejarlo por siempre en el olvido ! 
Porque ello es imposible; 

¡ Sacudirá el ramaje el fuerte viento 

Y rodarán las hojas; pero siempre, 
Sobre la rama quedará prendido 

Lo que formó el amor, y siempre airado 
Se verá sostenerse al blando nido 
Mientras otro no le haya reemplazado ! . . 



FIN 



- 128 - * 



índice 



índice 

Págs. 



Carta- prólogo ix 

Introducción xv 

PRIMERA PARTE 

La vida . . 3 

La infancia . . 8 

La juventud 12 

El amor 15 

El hogar 19 

El invierno del alma 22 

SEGUNDA PARTE 

Natura 29 

Manchas de sombra . 31 

Invocación 32 

Ofrenda 37 

El Día • 4 

Ideal 44 

La Noche 48 

Fantasía • , 51 

Libertad 54 

Incógnita... R 57 

Primavera 61 

Invierno 63 

Luz y sombras 65 

¡Amor! 67 

Á Dios 69 

Volverás ! 71 

¡ Zoófito ! 75 

Delirio .... 79 

TERCERA PARTE 

Nocturnos . . 81 

— 131 — 



PLEASE DO NOT REMOVE 
CARDS OR SLIPS FROM THIS POCKET 

UNIVERSITY OF TORONTO LIBRARY 



PQ Nébel Alvarez, Mi \ 

000 Cantos de la vida 

N¿3C3